Realizó una entrega a un padre con 4 hijos y la imagen que contempló no la pudo soportar.





Las historias que escuchamos a diario muchas veces dejan marcas en nuestra vida y no podemos evitar conmovernos con muchas de ellas. La historia que hoy queremos compartir contigo nos deja un mensaje increíble sobre las buenas acciones y sus recompensas. Un día como cualquiera en la vida de un repartidor de pizza, puede dejarte una gran enseñanza:

Trabajo repartiendo pizza por las tardes, hace muchos años tomé este trabajo y me ha servido para pagar mis estudios, pero aún después de tanto tiempo, sé muy bien como reconocer a los clientes que serían capaces de inventar múltiples excusas con tal de no dejarte propina y a los que cuentan las historias más extrañas de todas.

Aquella tarde recibimos un llamado por una pizza sencilla y un refresco, cuando llegué a la residencia pude notar el gran desorden que ya había en el exterior, aun así me acerqué y toqué la puerta; cuando el hombre abrió para recibir el pedido, pude notar la cara de vergüenza con la que me pagó, se sentía avergonzado por no poder dejarme más de un dólar de propina, lo cual sorprendentemente, es mucho más de lo que constantemente recibo.

pizza

Entregué la pizza y recibí el pago por la misma, pero durante la operación pude vislumbrar el interior del hogar de esta familia. En la mesa de la cocina se hallaban 4 niños pequeños y un adolescente esperando ansiosos la comida que su padre estaba recibiendo, aún con la rapidez pude notar las ansias con las cuales los jóvenes esperaban la comida que imaginé sería la única comida que recibirían aquel día.

Algo dentro de mi corazón se movió, pude imaginar los sacrificios que haría este padre soltero para poder alimentar a sus hijos y lo mal que debía sentirse por tener que brindar una pizza pequeña que tendrían que compartir entre 6 personas. De inmediato supe lo que tenía que hacer. Cuando mi turno en la pizzería acabó regrese con un meta fija.

pizza2

Preparé dos pizzas grandes, una ración de alitas de pollo y papas fritas, además tomé algunos refrescos y me dirigí a la casa de este hombre de nuevo, la cara con la que me recibió es algo que jamás olvidare, el hombre intentaba decirme que cuando tuviese algo de dinero me pagaría pero yo no acepté, quería dejarles un mensaje a los hijos de este hombre: Muchas veces cuando tratas bien a las personas, pueden suceder cosas increíbles como estas.

 



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